Hermosa levedad
Acá nuevamente sin poder dormir,
ya no se si se trata del ruido que hace mi compañera de cuarto al salir y entrar,
el ruido interminable del tráfico que entra feroz por mi ventana,
o si solo soy yo:
Molesta y nostálgica.
Extraño aquellos tiempos sin prisa,
donde se podía fumar un cigarrillo sin culpa, escuchar música y cantarla a todo pulmón,
donde se podía poner música y bailar a su son, sin pudor.
Donde desaprobar una materia en la facultad todavía no importaba tanto.
Donde perder un trabajo significaba solo tener que buscar otro.
Y quedarme despierta hasta la madrugada era solo haber dormido poco.
Ese tiempo donde tener citas se sentía súper ligero y emocionante.
Hablando de eso, extraño haberme enamorado, y la levedad en ello. En aquel tiempo parecía no haber nada que perder y podíamos dedicarnos al amor sin demasiada renuncia.
Recuerdo esas peleas,
esos llantos y esas reconciliaciones.
Pasión e intensidad ¿era igual a sentirme viva?
Hoy esas mismas situaciones me producen un colapso nervioso que me acaba de mandar al hospital.
Percibo en mi, una mueca al recordar los encuentros,
esos donde podía ir corriendo a sus brazos, saltar sobre él,
abrazarle el cuello con mis brazos y la cintura con las piernas.
Hoy le duele la espalda.
Recuerdo también las risas,
que eran todo ternura y hoy,
son momentos valiosos que me tengo que esforzar por hacérselos notar para no perdernos.
Se que me ama, él sabe de mi amor también.
Pero hoy, pesan más otras cosas.
En su boca se escucha: todo aquello que haremos ahora determinará nuestro futuro.
Y no hay tiempo para discutir,
tampoco para hablar,
no hay tiempo que perder.
Se me hace un nudo en la garganta, pensar que todo debe ser perfecto.
Lucha constante por sostener la rutina, mientras se libra en mi, la vieja lucha de no dejarme llevar por mis ganas de desmayar en la cama,
pedirme un pote de helado y renunciar a todo.
El maldito problema es que ahora no hay tiempo de jugar a eso.
Y agota, claro que si lo hace.
